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Para ti el Hombre, de parte de una Mujer

Durante mucho tiempo no confiaba en ti, hombre: "no confíes en él", "cuidado, es peligroso", tantos pensamientos que me hacían alejarme. Busqué de dónde podía venir, he tenido las palabras de una madre que quiere proteger a sus hijas de los tropiezos de la vida. Nada de discursos amargados o feministas.

Así que busqué sin encontrar de dónde surgió esta desconfianza hacia ti, hacia vosotros, el hombre, ¿será debido a lo que se nos muestra en el mundo, con las condiciones de las mujeres en algunas partes del mundo? ¿Será el testimonio de estas mujeres que fueron heridas, torturadas, o será mi línea de antepasados femeninos que me advierte o aún los recuerdos de todas las mujeres antes de mí que han pisado la tierra?

Pero este miedo, esta barrera que me aleja de ti para protegerme existe de verdad. Con todo, tengo muchos amigos varones, pero hago una distinción entre un hombre en la amistad y en el amor. Mis amigos son mis aliados, pero los hombres que caen en mi vida con la posibilidad de ser parte de ella en lo que al amor concierne tienen derecho a mis murallas de protección y mi frialdad, lista para saltar como una leona, si excedes los límites de mi territorio, es decir, mi corazón, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu.

Un largo trabajo tuvo que hacerse, un descenso en mí para contactar con todas estas imágenes de mujeres lesionadas, y luego me di cuenta, llevo en mí el colectivo del femenino herido. Acepté ser la depositaria de sus heridas, sus injusticias, sus dolores... Al igual que muchas mujeres, al elegir nacer mujer, me hice cargo de estas memorias para transmutarlas, iluminarlas, purificarlas...

Pero me daba contra la pared, porque cada vez que no confiaba en ti, en vosotros, el hombre, sólo perpetuaba la memoria del femenino herido. No te dejaba posibilidad alguna para revelarme tu verdadera naturaleza, tu masculino, tu grandeza. Ya tenías la batalla perdida conmigo, porque ni siquiera te dejaba acercarte.

Cuando me volví consciente de ello, una ola de amor afluyó a mí para ti, para vosotros, el hombre. Comprendí que nuestra desconfianza sólo genera más diferencias. 
Se os estigmatiza, se os condena sin derecho de réplica. Ya soportáis una carga bastante pesada con vuestro linaje masculino. Descubrí que muchos hombres son depositarios a su vez del divino masculino, son el cambio de las mentalidades, de la conciencia... Llevan en ellos la sensibilidad, el anhelo por el amor verdadero, por ser reconocidos por lo que realmente son y no por lo que traen al mundo.

Sentí en lo más profundo de mi alma vuestra necesidad de amor tan impetuosa como la nuestra. Bajé las armas para descubrir nuestra hermosa calidad de completo, nuestra complementariedad, tenemos las mismas aspiraciones... Abrí mi corazón, mi ser, mi territorio para dejarte entrar y averiguar lo que realmente eres. Ya no eres la amenaza, pero el guerrero cansado de tantas guerras que desea vivir por fin y no combatir más.

Mi instinto me impulsa a tomarte en mis brazos, no lo veas como un deseo de curarte o repararte, sino como una bienvenida, porque quiero acogerte de corazón a corazón. Cuando te veo vulnerable, puedo serlo también a cambio. He deseado tanto ser como tú en tu fuerza y tu dominio que a cambio he atrincherado mi vulnerabilidad, ocultado mis lágrimas, avergonzada por verlas abrumarme, pensando que eso era ser débil.

Hoy en día, sé que ser vulnerable significa permitirme ser Yo y descubro en ello mi fuerza para no ocultarme más. Puedo estar de pie con la cabeza alta y orgullosa a tu lado porque sé que estamos unidos por las mismas aspiraciones, ya no somos el uno contra el otro, el más fuerte contra el más débil, las luchas de poderes ya no tienen su lugar. Tenemos, el uno igual que el otro, esta necesidad de dejar las armas, detener las peleas con el fin de descansar y ser recibido por lo que realmente somos.

Respeto ahora tu fuerza, tu animalidad porque he descubierto en ella la mía. Durante mucho tiempo me gustaba describirme como una mujer decente con estereotipos: ser suave, no dar la nota, lo políticamente correcto, mientras que la mujer salvaje golpeaba en mí. He perdido en ello el gusto por la vida a favor de la aprobación de la sociedad. Ahora que le abrí la puerta, puedo encarnar el femenino en toda su paleta de colores, de sentimientos y creaciones y acogerte a tu vez en tu masculino salvaje, que lleva la humanidad a brazos en lugar de aplastarla.

Te veo como un sol que me ilumina y me guía hacia el exterior, me permites con tu presencia revelarme tal y como soy. Yo soy, a mi vez, la Luna, que te guía en tus profundidades, hacia tus emociones y tus sentimientos para que puedas renacer y descubras el ser valioso que eres. Ya no tenemos que separarnos por nuestras diferencias, ya que estas pueden, en vez de luchar entre sí, unirse para que cada uno sea la mejor versión de si mismo.

Que sepas que estoy siempre cambiante como el agua que cubre esta tierra, que necesito también refugiarme en mi cueva, en la naturaleza para reponer fuerzas. Las otras mujeres son mis hermanas, mis aliadas, no hay más competición cuando se encarna el sagrado femenino. Entendemos que todas estamos unidas por la gran Diosa. Nuestros enlaces nos fortalecen, nos permiten saciar nuestra sed a la fuente sintiéndonos apoyadas y reconocidas. De ellas saco mis fuerzas para renovarme con cada Luna nueva.

Sin embargo de ti, me revelo al mundo. Por tus ojos, tus palabras, tu amor, tu tacto, nazco mujer en cada instante. Salgo de mis profundidades para mostrarme al mundo. Me siento digna de ser el femenino en la Tierra, igual que eres digno de ser el masculino. Mientras me revelas, te hago descubrir los ciclos de la vida, del descanso a la acción, del recogimiento al alboroto. Mi intuición se combina con tus visiones para crear lo mejor y la novedad. Seré un refugio donde podrás sacar fuerzas y perspicacia. Serás mi refugio donde conseguiré quietud y recogimiento.

Podremos celebrar una nueva era en la que el hombre y la mujer se han descubierto verdaderamente. El dos se volverá Uno, la armonía y el equilibrio de nuestras diferencias formarán el ciclo completo que tanto nos faltaba. Porque en lugar de alejarnos o ponernos en conflicto, estas diferencias nos enriquecerán al descubrirnos, al crear un mundo nuevo. Ya no será el uno contra el otro entre nosotros, pero el uno con el otro. Cada uno honrará el alma única del otro, ya que no hacen falta comparaciones, todos somos únicos.

Perdóname por mis prejuicios, sólo eran miedos... Y los temores nacen de la ignorancia. Ahora que sé quien eres, ya no hay vuelta atrás posible. El hombre que eres se vuelve necesario a la mujer que soy. Al igual que el Yin y el Yang formamos el equilibrio de un nuevo mundo, nuestro mundo y el de todos los que tocaremos con nuestra historia, nuestro resplandor, nuestro amor, nuestro respeto mutuo, nuestra alegría frente a este reencuentro tan esperado. 

No trataré más de que llenes mis vacíos, porque sólo yo tengo los medios para hacerlo. No buscaré más cambiarte, porque son tus diferencias que ciñen mis huecos. Al nacer el malentendido entre nosotros, dejaré un espacio abierto para acoger quien eres, sin condenarte por no parecerte a lo que yo deseo. No trataré más de privarte de libertad porque el amor no se posee, pero se comparte y crece sin límites.

Al mismo tiempo, no buscaré más llenar tus vacíos o salvarte. Sólo tú tienes los medios y el deber de hacerlo. Ya no me transformaré más para ser amada, porque es ese ser único que soy el que me enriquece y que elegí encarnar. Ya no me perderé más a favor de la paz en los hogares, no dudaré más de mí, no me olvidaré más, no me borraré para ti. Porque es una carga demasiado pesada para imponértela. Me honro y no te pediré más que lo hagas para mí.

Como puedes ver, he aprendido a honrarme para poder honrarte. Lo uno es imposible sin lo otro. 
A pesar de un largo camino, nuestro reencuentro tiene aún más sabor. 
Que sepas  que ya no compilaré más perjuicios sobre ti para no encerrarte en ellos. 
Sin proyecciones y sin expectativas, te descubriré en realidad. 
Gracias por ser el hombre, por encarnar este masculino sin el que yo no sería mujer y no incarnería este femenino.

Jed




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